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Pérez Bonalde, Juan Antonio / Poemas
(This
file was produced from images generously made available
by The Internet Archive/American Libraries.)









EDGAR ALLAN POE

POEMAS

CON UN PRLOGO

DE

Rubn Daro

EDITOR: CLAUDIO GARCIA SARANDI, 441

1919

POEMAS

PEA Hnos.--Imp.



INDICE


Prlogo de _Rubn Daro_

POEMAS

Annabel Lee

A mi Madre

Para Annie

Eldorado

Eulalia

Un ensueo en un ensueo

La ciudad en el mar

La Durmiente

Balada Nupcial

El Coliseo

El Gusano Vencedor

A Elena

A la Ciencia

A la Seorita * * *

A la Seorita * * *

Al Ro

Cancin

Los Espritus de los Muertos

La Romanza

El Reino de las Hadas

El Lago

La Estrella de la Tarde

El Da ms Feliz

Imitacin

Las Campanas

Ulalume

Estrellas Fijas

Dreamland

El Cuervo




PRLOGO


En una maana fra y hmeda llegu por primera vez al inmenso pas de
los Estados Unidos. Iba el _steamer_ despacio, y la sirena aullaba
roncamente por temor de un choque. Quedaba atrs Fire Island con su
erecto faro; estbamos frente a Sandy Hook, de donde nos sali al paso
el barco de sanidad. El ladrante slang yanqui sonaba por todas partes,
bajo el pabelln de bandas y estrellas. El viento fro, los pitos
arromadizados, el humo de las chimeneas, el movimiento de las mquinas,
las mismas ondas ventrudas de aquel mar estaado, el vapor que caminaba
rumbo a la gran baha, todo deca: _all right_. Entre las brumas se
divisaban islas y barcos. Long Island desarrollaba la inmensa cinta de
sus costas, y Staten Island, como en el marco de una vieta, se
presentaba en su hermosura, tentando al lpiz, ya que no, por falta de
sol, a la mquina fotogrfica. Sobre cubierta se agrupan los pasajeros:
el comerciante de gruesa panza, congestionado como un pavo, con
encorvadas narices israelitas; el clergyman huesoso, enfundado en su
largo levitn negro, cubierto con su ancho sombrero de fieltro, y en la
mano una pequea Biblia; la muchacha que usa gorra de jockey, y que
durante toda la travesa ha cantado con voz fonogrfica, al sn de un
banjo; el joven robusto, lampio como un beb, y que, aficionado al box,
tiene los puos de tal modo, que bien pudiera desquijarrar un
rinoceronte de un solo impulso... En los Narrows se alcanza a ver la
tierra pintoresca y florida, las fortalezas. Luego, levantando sobre su
cabeza la antorcha simblica, queda a un lado la gigantesca Madona de la
Libertad, que tiene por peana un islote. De mi alma brota entonces la
salutacin:

A ti, prolfica, enorme, dominadora. A ti, Nuestra Seora de la
Libertad. A ti, cuyas mamas de bronce alimentan un sinnmero de almas y
corazones. A ti, que te alzas solitaria y magnfica sobre tu isla,
levantando la divina antorcha. Yo te saludo al paso de mi _steamer_,
prosternndome delante de tu majestad. Ave: Good morning! Yo s, divino
icono, oh, magna estatua!, que tu solo nombre, el de la excelsa beldad
que encarnas, ha hecho brotar estrellas sobre el mundo, a la manera del
_fiat_ del Seor. All estn entre todas, brillantes sobre las listas de
la bandera, las que iluminan el vuelo del guila de Amrica, de esta tu
Amrica formidable, de ojos azules. Ave, Libertad, llena de fuerza; el
Seor es contigo: bendita t eres. Pero, sabes?, se te ha herido mucho
por el mundo, divinidad, manchando tu esplendor. Anda en la tierra otra
que ha usurpado tu nombre, y que, en vez de la antorcha, lleva la tea.
Aqulla no es la Diana sagrada de las incomparables flechas: es Hcate.

Hecha mi salutacin, mi vista contempla la masa enorme que est al
frente, aquella tierra coronada de torres, aquella regin de donde casi
sents que viene un soplo subyugador y terrible: Manhattan, la isla de
hierro, Nueva York, la sangunea, la ciclpea, la monstruosa, la
tormentosa, la irresistible capital del cheque. Rodeada de islas
menores, tiene cerca a Jersey; y agarrada a Brooklyn con la ua enorme
del puente, Brooklyn, que tiene sobre el palpitante pecho de acero un
ramillete de campanarios.

Se cree or la voz de Nueva York, el eco de un vasto soliloquio de
cifras. Cun distinta de la voz de Pars, cuando uno cree escucharla,
al acercarse, halagadora como una cancin de amor, de poesa y de
juventud! Sobre el suelo de Manhattan parece que va a verse surgir de
pronto un colosal To Samuel, que llama a los pueblos todos a un
inaudito remate, y que el martillo del rematador cae sobre cpulas y
techumbres produciendo un ensordecedor trueno metlico. Antes de entrar
al corazn del monstruo, recuerdo la ciudad, que vio en el poema brbaro
el vidente Thogorma:

_Thogorma dans ses yeux vit monter des murailles de fer dont
s'enroulaient des spirales des tours et des palais cercls d'arain sur
des blocs lourds; ruche norme, ghenne aux lgubres entrailles o
s'engouffraint les Forts, princes des anciens jours._

* * * * *

Semejantes a los Fuertes de los das antiguos, viven en sus torres de
piedra, de hierro y de cristal, los hombres de Manhattan.

En su fabulosa Babel, gritan, mugen, resuenan, braman, conmueven la
Bolsa, la locomotora, la fragua, el banco, la imprenta, el dock y la
urna electoral. El edificio Produce Exchange, entre sus muros de hierro
y granito, rene tantas almas cuantas hacen un pueblo... He all
Broadway. Se experimenta casi una impresin dolorosa; sents el dominio
del vrtigo. Por un gran canal, cuyos lados los forman casas
monumentales que ostentan sus cien ojos de vidrio y sus tatuajes de
rtulos, pasa un ro caudaloso, confuso, de comerciantes, corredores,
caballos, tranvas, mnibus, hombres-sandwichs vestidos de anuncios y
mujeres bellsimas. Abarcando con la vista la inmensa arteria en su
hervor continuo, llega a sentirse la angustia de ciertas pesadillas.
Reina la vida del hormiguero: un hormiguero de percherones gigantescos,
de carros monstruosos, de toda clase de vehculos. El vendedor de
peridicos, rosado y risueo, salta como un gorrin, de tranva en
tranva, y grita al pasajero _intanrsooonwoood!_, lo que quiere decir,
si gustis comprar cualquiera de esos tres diarios, el _Evening
Telegram_, _el Sun_ o el _World_. El ruido es mareador y se siente en el
aire una trepidacin incesante; el repiqueteo de los cascos, el vuelo
sonoro de las ruedas, parece a cada instante aumentarse. Temerase a
cada momento un choque, un fracaso, si no se conociese que este inmenso
ro que corre con una fuerza de alud, lleva en sus ondas la exactitud de
una mquina. En lo ms intrincado de la muchedumbre, en lo ms
convulsivo y crespo de la ola en movimiento, sucede que una lady
anciana, bajo su capota negra, o una miss rubia, o una nodriza con su
beb, quiere pasar de una acera a otra. Un corpulento policeman alza la
mano; detinese el torrente; pasa la dama; all right!

Esos cclopes..., dice Groussac; esos feroces calibanes..., escribe
Peladan. Tuvo razn el raro Sar al llamar as a estos hombres de la
Amrica del Norte? Calibn reina en la isla de Manhattan, en San
Francisco, en Boston, en Washington, en todo el pas. Ha conseguido
establecer el imperio de la materia desde su estado misterioso con
Edison, hasta la apoteosis del puerco, en esa abrumadora ciudad de
Chicago. Calibn se satura de wishky, como en el drama de Shakespeare de
vino; se desarrolla y crece; y sin ser esclavo de ningn Prspero, ni
martirizado por ningn genio del aire, engorda y se multiplica. Su
nombre es Legin. Por voluntad de Dios suele brotar de entre esos
poderosos monstruos algn sr de superior naturaleza, que tiende las
alas a la eterna Miranda de lo ideal. Entonces, Calibn mueve contra l
a Sicorax, y se le destierra o se le mata. Esto vio el mundo con Edgar
Allan Poe, el cisne desdichado que mejor ha conocido el ensueo y la
muerte...

Por qu vino tu imagen a mi memoria, Stella, alma, dulce reina ma, tan
presto ida para siempre, el da en que, despus de recorrer el hirviente
Broadway, me puse a leer los versos de Poe, cuyo nombre de Edgar,
harmonioso y legendario, encierra tan vaga y triste poesa, y he visto
desfilar la procesin de sus castas enamoradas a travs del polvo de
plata de un mstico ensueo? Es porque tu eres hermana de las liliales
vrgenes, cantadas en brumosa lengua inglesa por el soador infeliz,
prncipe de los poetas malditos. T como ellas eres llama del infinito
amor. Frente al balcn, vestido de rosas blancas, por donde en el
Paraso asoma tu faz de generosos y profundos ojos, pasan tus hermanas y
te saludan con una sonrisa, en la maravilla de tu virtud, oh, mi ngel
consolador; oh, mi esposa! La primera que pasa es Irene, la dama
brillante de palidez extraa, venida de all, de los marea lejanos; la
segunda es Eulalia, la dulce Eulalia, de cabellos de oro y ojos de
violeta, que dirige al Cielo su mirada; la tercera es Leonora, llamada
as por los ngeles, joven y radiosa en el Edn distante; la otra es
Francs, la amada que calma las penas con su recuerdo; la otra es
Ulalume, cuya sombra yerra en la nebulosa regin de Weir, cerca del
sombro lago de Auber; la otra Helen, la que fu vista por la primera
vez a la luz de perla de la Luna; la otra Annie, la de los sculos y las
caricias y oraciones por el adorado; la otra Annabel Lee, que am con un
amor envidia de los serafines del Cielo; la otra Isabel, la de los
amantes coloquios en la claridad lunar; Ligeia, en fin, meditabunda,
envuelta en un velo de extraterrestre esplendor... Ellas son, cndido
coro de ideales ocenidos, quienes consuelan y enjugan la frente al
lrico Prometeo amarrado a la montaa Yankee, cuyo cuervo, ms cruel aun
que el buitre esquiliano, sentado sobre el busto de Palas, tortura el
corazn del desdichado, apualendole con la montona palabra de la
desesperanza. As t para m. En medio de los martirios de la vida, me
refrescas y alientas con el aire de tus alas, porque si partiste en tu
forma humana al viaje sin retorno, siento la venida de tu sr inmortal,
cuando las fuerzas me faltan o cuando el dolor tiende hacia m el negro
arco. Entonces, Alma, Stella, oigo sonar cerca de m el oro invisible
de tu escudo anglico. Tu nombre luminoso y simblico surge en el cielo
de mis noches como un incomparable gua, y por claridad inefable llevo
el incienso y la mirra a la cuna de la eterna Esperanza.


EL HOMBRE

La influencia de Poe en el arte universal ha sido suficientemente honda
y transcendente para que su nombre y su obra no sean a la continua
recordados. Desde su muerte ac, no hay ao casi en que, ya en el libro
o en la revista, no se ocupen del excelso poeta americano, crticos,
ensayistas y poetas. La obra de Ingram ilumin la vida del hombre; nada
puede aumentar la gloria del soador maravilloso. Por cierto que la
publicacin de aquel libro, cuya traduccin a nuestra lengua hay que
agradecer al Sr. Mayer, estaba destinada al grueso pblico.

Es que en el nmero de los escogidos, de los aristcratas del espritu,
no estaba ya pesado en su propio valor, el odioso frrago del canino
Griswold? La infame autopsia moral que se hizo del ilustre difunto deba
tener esa bella protesta. Ha de ver ya el mundo libre de mancha al cisne
inmaculado.

Poe, como un Ariel hecho hombre, dirase que ha pasado su vida bajo el
flotante influjo de un extrao misterio. Nacido en un pas de vida
prctica y material, la influencia del medio obra en l al contrario. De
un pas de clculo brota imaginacin tan estupenda. El dn mitolgico
parece nacer en l por lejano atavismo, y vese en su poesa un claro
rayo del pas del sol y azul en que nacieron sus antepasados. Renace en
l el alma caballeresca de los Le Poer alabados en las crnicas de
Generaldo Gambresio. Arnoldo Le Poer lanza en la Irlanda de 1327 este
terrible insulto al caballero Mauricio de Desmond: Sois un rimador.
Por lo cual se empuan las espadas y se traba una ria, que es el
prlogo de guerra sangrienta.

Cinco siglos despus, un descendiente del provocativo Arnoldo,
glorificar a su raza, erigiendo sobre el rico pedestal de la lengua
inglesa, y en un nuevo mundo, el palacio de oro de sus rimas.

El noble abolengo de Poe; ciertamente, no interesa sino a aquellos que
tienen gusto de averiguar los efectos producidos por el pas y el linaje
en las peculiaridades mentales y constitucionales de los hombres de
genio segn las palabras de la noble Sra. Whitman. Por lo dems, es l
quien hoy da valer y honra a todos los pastores protestantes, tenderos,
rentistas o mercachifles que llevan su apellido en la tierra del
honorable padre de su patria Jorge Washington.

Sbese que en el linaje del poeta hubo un bravo sir Rogerio, que batall
en compaa de Strongbow, un osado, sir Arnoldo, que defendi a una
_lady_, acusada de bruja; una mujer heroica y viril, la clebre
_Condesa_ del tiempo de Cromwell; y pasado sobre enredos genealgicos
antiguos, un General de los Estados Unidos, su abuelo. Despus de todo,
ese sr trgico, de historia tan extraa y romancesca, dio su primer
vagido entre las coronas marchitas de una comedianta, la cual le dio
vida bajo el imperio del ms ardiente amor. La pobre artista haba
quedado hurfana desde muy tierna edad. Amaba el teatro, era inteligente
y bella, y de esa dulce gracia naci el plido y melanclico visionario
que dio al arte un mundo nuevo.

Poe naci con el envidiable dn de la belleza corporal. De todos los
retratos que he visto suyos, ninguno da idea de aquella especial
hermosura que en descripciones han dejado muchas de las personas que le
conocieron. No hay duda que en toda la iconografa poeana, el retrato
que debe representarle mejor es el que sirvi a Mr. Clarke para publicar
un grabado que copiaba al poeta en el tiempo en que ste trabajaba en la
empresa de aquel caballero. El mismo Clarke protest contra los falsos
retratos de Poe, que despus de su muerte publicaron. Si no tanto como
los que calumniaron su hermosa alma potica, los que desfiguran la
belleza de su rostro son dignos de la ms justa censura. De todos los
retratos que han llegado a mis manos, los que ms me han llamado la
atencin son el de Chiffart, publicado en la edicin ilustrada de
Quantin, de los _Cuentos extraordinarios_, y el grabado por R. Loncup,
para la traduccin del libro de Ingram por Mayer. En ambos, Poe ha
llegado ya a la edad madura. No es, por cierto, aquel gallardo jovencito
sensitivo que al conocer a Elena Stannard, qued trmulo y sin voz como
el Dante de la _Vita Nuova_....

Es el hombre que ha sufrido ya, que conoce por sus propias desgarradas
carnes cmo hieren las asperezas de la vida. En el primero, el artista
parece haber querido hacer una cabeza simblica. En los ojos, casi
ornitomorfos, en el aire, en la expresin trgica del rostro, Chiffart
ha intentado pintar al autor del _Cuervo_, al visionario, al _unhappy
Master_, ms que al hombre. En el segundo hay ms realidad: esa mirada
triste, de tristeza contagiosa, esa boca apretada, ese vago gesto de
dolor y esa frente ancha y magnfica en donde se entroniz la palidez
fatal del sufrimiento, pintan al desgraciado en sus das de mayor
infortunio, quiz en los que precedieron a su muerte. Los otros
retratos, como el de Halpin para la edicin de Amstrong, nos dan ya
tipos de lechuguinos de la poca, ya caras que nada tienen que ver con
la cabeza bella e inteligente de que habla Clark. Nada ms cierto que la
observacin de Gautier:

Es raro que un poeta, dice, que un artista sea conocido bajo su primer
encantador aspecto. La reputacin no le viene, sino muy tarde, cuando ya
las fatigas del estudio, la lucha por la vida y las torturas de las
pasiones han alterado su fisonoma primitiva; apenas deja sino una
mscara usada, marchita, donde cada dolor ha puesto por estigma una
magulladura o una arruga.

Desde nio, Poe prometa una gran belleza.

Sus compaeros de colegio hablan de su agilidad y robustez. Su
imaginacin y su temperamento nervioso estaban contrapesados por la
fuerza de sus msculos. El amable y delicado ngel de poesa saba dar
excelentes puetazos. Ms tarde dir de l una buena seora: Era un
muchacho bonito.

Cuando entra a West Point hace notar en l un colega, Mr. Gibson, su
mirada cansada, tediosa y hastiada. Ya en su edad viril, recurdale el
biblifilo Gowans: Poe tena un exterior notablemente agradable y que
predispona en su favor: lo que las damas llamaran claramente bello.
Una persona que le oye recitar en Boston, dice: Era la mejor
realizacin de un poeta, en su fisonoma, aire y manera. Un precioso
retrato es hecho de mano femenina: Una talla algo menos que de altura
mediana, quiz, pero tan perfectamente proporcionada y coronada por una
cabeza tan noble, llevada tan regiamente, que, a mi juicio de muchacha,
causaba la impresin de una estatura dominante. Esos claros y
melanclicos ojos parecan mirar desde una eminencia..... Otra dama
recuerda la extraa impresin de sus ojos: Los ojos de Poe, en verdad,
eran el rasgo que ms impresionaba, y era a ellos a los que su cara
deba su atractivo peculiar. Jams he visto otros ojos que en algo se le
parecieran. Eran grandes, con pestaas largas y un negro de azabache: el
iris acero gris, posea una cristalina claridad y transparencia, a
travs de la cual la pupila negra azabache se vea expandirse y
contraerse, con toda sombra de pensamiento o de emocin. Observ que los
prpados jams se contraan, como es tan usual en la mayor parte de las
personas, principalmente cuando hablan; pero su mirada siempre era
llena, abierta y sin encogimiento ni emocin. Su expresin habitual era
soadora y triste: algunas veces tena un modo de dirigir una mirada
ligera, de soslayo, sobre alguna persona que no le observaba a l, y,
con una mirada tranquila y fija, pareca que mentalmente estaba midiendo
el calibre de la persona que estaba ajena de ello.--Qu ojos tan
tremendos tiene el seor Poe!--me dijo una seora. Me hace helar la
sangre el verle darse vuelta lentamente y fijarlos sobre m cuando estoy
hablando.

La misma agrega: Usaba un bigote negro, esmeradamente cuidado, pero que
no cubra completamente una expresin ligeramente contrada de la boca y
una tensin ocasional del labio superior, que se asemejaba a una
expresin de mofa. Esta mofa era fcilmente excitada y se manifestaba
por un movimiento del labio, apenas perceptible, y sin embargo,
intensamente expresivo. No haba en ella nada de malevolencia, pero s
mucho sarcasmo. Sbese, pues, que aquella alma potente y extraa estaba
encerrada en hermoso vaso. Parece que la distincin y dotes fsicas
deberan ser nativas en todos los portadores de la lira. Apolo, el
crinado numen lrico, no es el prototipo de la belleza viril? Mas no
todos sus hijos nacen con dote tan esplndido. Los privilegiados se
llaman Goethe, Byron, Lamartine, Poe.

Nuestro poeta, por su organizacin vigorosa y cultivada, pudo resistir
esa terrible dolencia que un mdico escritor llama con gran propiedad
la enfermedad del ensueo. Era un sublime apasionado, un nervioso, uno
de esos divinos semilocos necesarios para el progreso humano,
lamentables cristos del arte, que por amor al eterno ideal tienen su
calle de la amargura, sus espinas y su cruz. Naci con la adorable llama
de la poesa, y ella le alimentaba al propio tiempo que era su martirio.
Desde nio qued hurfano y le recogi un hombre que jams podra
conocer el valor intelectual de su hijo adoptivo. El Sr. Allan--cuyo
nombre pasar al porvenir al brillo del nombre del poeta--jams pudo
imaginarse que el pobre muchacho recitador de versos que alegraba las
veladas de su _home_, fuese ms tarde un egregio prncipe del Arte. En
Poe reina el _ensueo_ desde la niez. Cuando el viaje de su protector
le lleva a Londres, la escuela del dmine Brondeby es para l como un
lugar fantstico que despierta en su sr extraas reminiscencias;
despus, en la fuerza de su genio, el recuerdo de aquella morada y del
viejo profesor han de hacerle producir una de sus subyugadoras pginas.
Por una parte, posee en su fuerte cerebro la facultad musical; por otra,
la fuerza matemtica. Su _ensueo_ est poblado de quimeras y de cifras
como la carta de un astrlogo. Vuelto a Amrica, vmosle en la escuela
de Clarke, en Richmond, en donde al mismo tiempo que se nutre de
clsicos y recita odas latinas, boxea y llega a ser algo como un
_champion_ estudiantil; en la carrera hubiera dejado atrs a Atalanta,
y aspiraba a los lauros natatorios de Byron. Pero si brilla y descuella
intelectual y fsicamente entre sus compaeros, los hijos de familia de
la fofa aristocracia del lugar miran por encima del hombro al hijo de la
cmica. Cunta no ha de haber sido la hiel que tuvo que devorar este
sr exquisito, humillado por un origen del cual en das posteriores
habra orgullosamente de gloriarse? Son esos primeros golpes los que
empezaron a cincelar el pliegue amargo y sarcstico de sus labios. Desde
muy temprano conoci las asechanzas del lobo racional. Por eso buscaba
la comunicacin con la Naturaleza, tan sana y fortalecedora. Odio,
sobre todo, y detesto este animal que se llama Hombre, escriba Swift a
Poe. Poe, a su vez, habla de la mezquina amistad y de la fidelidad de
polvillo de fruta (gossamer fidelity) del mero hombre. Ya en el libro
de Job, _Eliphaz Themanita_, exclama: Cunto ms el hombre abominable
y vil que bebe como la inquietud?.

No busc el lrico americano el apoyo de la oracin; no era creyente, o,
al menos, su alma estaba alejada del misticismo. A lo cual da por razn
James Russell Lowell lo que podra llamarse la matematicidad de su
cerebracin. Hasta su misterio es matemtico para su propio espritu.
La Ciencia impide al poeta penetrar y tender las alas en la atmsfera de
las verdades ideales. Su necesidad de anlisis, la condicin algebraica
de su fantasa, hcele producir tristsimos efectos cuando nos arrastra
al borde de lo desconocido. La especulacin filosfica nubl en l la
fe, que debiera poseer como todo poeta verdadero. En todas sus obras, si
mal no recuerdo, slo unas dos veces est escrito el nombre de Cristo.
Profesaba, s, la moral cristiana; y en cuanto a los destinos del
hombre, crea en una ley divina, en un fallo inexorable. En l la
ecuacin dominaba a la creencia, y aun en lo referente a Dios y sus
tributos, pensaba con Spinosa que las cosas invisibles y todo lo que es
objeto del entendimiento no puede percibirse de otro modo que por los
ojos de la demostracin; olvidando la profunda afirmacin filosfica:
_Intelectus noster sic de habet? ad prima entium qu sunt
manifestissima in natura, sicut oculus vespertillionis ad solem._ No
crea en lo sobrenatural, segn confesin propia; pero afirmaba que
Dios, como Creador de la Naturaleza, puede, si quiere, modificarla. En
la narracin de la metempscosis de Ligeia hay una definicin de Dios,
tomada de Granwill, que parece ser sustentada por Poe: Dios no es ms
que una gran voluntad que penetra todas las cosas por la naturaleza de
su intensidad. Lo cual estaba ya dicho por Santo Toms en estas
palabras: Si las cosas mismas no determinan el fin para s, porque
desconocen la razn del fin, es necesario que se les determine el fin
por otro que sea determinador de la Naturaleza. Este es el que previene
todas las cosas, que es sr por s mismo necesario, y a ste llamamos
Dios... En la _Revelacin Magntica_, a vuelta de divagaciones
filosficas, Mr. Vankirk--que, como casi todos los personajes de Poe, es
Poe mismo--afirma la existencia de un Dios material, al cual llama
materia suprema e imparticulada. Pero agrega: La materia imparticulada,
o sea Dios en estado de reposo, es en lo que entra en nuestra
comprensin, lo que los hombres llaman espritu. En el dilogo entre
Oinos y Agathos pretende sondear el misterio de la divina inteligencia;
as como en los de Monos y Una y de Eros y Charmion penetra en la
desconocida sombra de la Muerte, produciendo, como pocos, extraos
vislumbres en su concepcin del espritu en el espacio y en el tiempo.

_Rubn Daro._




POEMAS

TRADUCCIN DE ALBERTO LASPLACES




ANNABEL LEE



Hace ya bastantes aos, en un reino ms
all de la mar viva una nia que podis conocer
con el nombre de Annabel Lee. Esa nia
viva sin ningn otro pensamiento que
amarme y ser amada por m.

Yo era un nio y _ella_ era una nia en ese
reino ms all de la mar; pero Annabel Lee
y yo nos ambamos con un amor que era ms
que el amor; un amor tan poderoso que los
serafines del cielo nos envidiaban, a ella y a m.

Y esa fu la razn por la cual, hace ya bastante
tiempo, en ese reino ms all de la mar
un soplo descendi de una nube, y hel a mi
bella Annabel Lee; de suerte que sus padres
vinieron y se la llevaron lejos de m para encerrarla
en un sepulcro, en ese reino ms all de
la mar.

Los ngeles que en el cielo no se sentan ni
la mitad de lo felices que ramos nosotros, nos
envidiaban nuestra alegra a ella y a m. He ah
porque (como cada uno lo sabe en ese reino
ms all de la mar) un soplo descendi desde
la noche de una nube, helando a mi Annabel
Lee.

Pero nuestro amor era ms fuerte que el
amor de aquellos que nos aventajan en edad
y en saber, y ni los ngeles del cielo ni los demonios
de los abismos de la mar podrn separar
jams mi alma del alma de la bella Annabel
Lee.

Porque la luna jams resplandece sin traerme
recuerdos de la bella Annabel Lee; y cuando
las estrellas se levantan, creo ver brillar los
ojos de la bella Annabel Lee; y as paso largas
noches tendido al lado de mi querida,--mi
querida, mi vida y mi compaera,--que
est acostada en su sepulcro ms all de la mar,
en su tumba, al borde de la mar quejumbrosa.

1849.




A MI MADRE

(_Soneto_)



Porque siento que all arriba, en el cielo, los
ngeles que se hablan dulcemente al odo, no
pueden encontrar entre sus radiantes palabras
de amor una expresin ms ferviente que la de
_madre_, he ah por qu, desde hace largo
tiempo os llamo con ese nombre querido, a ti
que eres para m ms que una madre y que
llenis el santuario de mi corazn en el que la
muerte os ha instalado, al libertar el alma de
mi Virginia. Mi madre, mi propia madre, que
muri en buena hora, no era sino mi madre.
Pero vos fuisteis la madre de aquella que quise
tan tiernamente, y por eso mismo me sois
ms querida que la madre que conoc, ms
querida que todo, lo mismo que mi mujer era
ms amada por mi alma que lo que esta misma
amaba su propia vida.




PARA ANNIE



Gracias a Dios! la crisis, el mal ha pasado y
la lnguida enfermedad ha desaparecido por
fin, y la fiebre llamada vivir est vencida.

Tristemente, s que estoy desposedo de mi
fuerza, y no muevo un msculo mientras estoy
tendido, todo a lo largo. Pero, qu importa?
Siento que voy mejor paulatinamente.

Y reposo tan tranquilamente, en el presente,
en mi lecho, que a contemplarme se me
creera muerto, y podra estremecer al que me
viera, creyndome muerto.

Las lamentaciones y los gemidos, los suspiros
y las lgrimas son apaciguadas entre tanto
por esta horrible palpitacin de mi corazn;
ah, esta horrible palpitacin!

La incomodidad,--el disgusto--el cruel sufrimiento--han
cesado con la fiebre que enloqueca
mi cerebro, con la fiebre llamada vivir
que consuma mi cerebro.

Y de todos los tormentos, aquel que ms
tortura ha cesado: el terrible tormento de la
sed por la corriente oscura de una pasin maldita.
He bebido de un agua que apaga toda
sed.

He bebido de un agua que corre con sonido
arrullador, de una fuente subterrnea pero
poco profunda, de una caverna que no est
muy lejos, bajo tierra.

Ah! que no sea dicho jams: mi cuarto
est oscuro, mi lecho es estrecho; porque
jams ningn hombre durmi en lecho igual--y
para _dormir_ verdaderamente, es en un
lecho como ste en el que hay que acostarse.

Mi alma tantalizada reposa dulcemente aqu,
olvidando, sin recordarlas jams, sus rosas, sus
antiguas ansias de mirtos y de rosas.

Pues ahora, mientras reposa tan tranquilamente,
imagina a su alrededor, una ms santa
fragancia de pensamientos, una fragancia de
romero mezclado a pensamientos, a sabor callejero
y al de los bellos y rgidos pensamientos.

Y as yace ella, dichosamente sumergida
en recuerdos perennes de la constancia y de la
belleza de Annie, anegada en un beso a las trenzas
de Annie.

Tiernamente me abraza, apasionadamente
me acaricia. Y entonces caigo dulcemente
adormecido sobre su seno, profundamente adormido
del cielo de su seno.

Y as reposo tan tranquilamente en mi lecho--conociendo
su amor--que me creis muerto.
Y as reposo, tan serenamente en mi lecho,--con
su amor en mi corazn,--que me creis
muerto, que os estremecis al verme, creyndome
muerto.

Pero mi corazn es ms brillante que todas
las estrellas del cielo, porque brilla para Annie,
abrasado por la luz del amor de mi Annie, por
el recuerdo de los bellos ojos luminosos de mi
Annie....

1849.




ELDORADO



Brillantemente ataviado, un galante caballero,
viaj largo tiempo al sol y a la sombra,
cantando su cancin, a la busca del Eldorado.

Pero lleg a viejo, el animoso caballero, y
sobre su corazn cay la noche porque en ninguna
parte encontr la tierra del Eldorado.

Y al fin, cuando le faltaron las fuerzas, pudo
hallar una sombra peregrina.--Sombra,--le
pregunt--dnde podra estar esa tierra del
Eldorado?

--Ms all de las montaas de la Luna, en
el fondo del valle de las sombras; cabalgad,
cabalgad sin descanso--respondi la sombra,--si
buscis el Eldorado.....

1849.




EULALIA



Viva slo en un mundo de lamentaciones y
mi alma era una onda estancada, hasta que
la bella y dulce Eulalia lleg a ser mi pudorosa
compaera, hasta que la joven Eulalia, la de
los cabellos de oro, lleg a ser mi sonriente
compaera.

Ah! las estrellas de la noche brillan bastante
menos que los ojos de esa radiante nia!
Y jams girn de vapor emergido en un irisado
claro de luna, podr compararse al bucle ms
descuidado de la modesta Eulalia, podr
compararse al bucle ms humilde y ms descuidado
de Eulalia, la de los brillantes ojos!

La duda y la pena no me invaden jams,
ahora, porque su alma me entrega suspiro por
suspiro. Y durante todo el da, Astart resplandece
brillante y fuerte en el cielo, en tanto que
siempre hacia ella, mi querida Eulalia, levanta
sus ojos de esposa, en tanto que siempre hacia
ella mi joven Eulalia eleva sus bellos ojos
violetas!...

1845.




UN ENSUEO EN UN ENSUEO



Recibid este beso en la frente. Y ahora que
os dejo, permitidme por lo menos confesar esto:
no os agraviis, vos que estimis que mis das
han sido un ensueo. Entretanto, si la esperanza
se ha ido, en una noche o en un da,
en una visin o en un sueo, se ha ido menos
por eso? Todo lo que vemos o nos parece, no
es sino un ensueo en un ensueo!

Me encuentro en medio de los bramidos de
una costa atormentada por la resaca, y tengo
en la mano granos de arena de oro. Cun
poco es! Y cmo se deslizan a travs de mis
dedos hacia el abismo, mientras lloro, mientras
lloro! Dios mo, no puedo retenerlos en un
nudo ms seguro? Dios mo!, no podr
salvar uno solo del cruel vaco? Todo lo que
vemos o nos parece no es otra cosa que un
ensueo en un ensueo?

1849.




LA CIUDAD EN EL MAR



Ved! La Muerte se ha erigido un trono,
en una extraa ciudad que se levanta, solitaria,
muy lejos, en el sombro occidente, donde
los buenos y los malos, los peores y los mejores
han ido hacia la paz eterna. All los templos,
los palacios y las torres--torres carcomidas
por el tiempo, y que no tiemblan nunca,--no
se parecen en nada a las nuestras. A su alrededor,
olvidadas por los vientos que no las agitan
jams resignadas bajo los cielos, reposan las
aguas melanclicas.

Desde el cielo sagrado, ningn rayo desciende
en la negra noche de esa ciudad; pero un resplandor
reflejado por la lvida mar, invade las
torres, brilla silenciosamente sobre las almenas,
a lo hondo y a lo largo, sobre las cpulas, sobre
las cimas, sobre los palacios reales, sobre los
templos, sobre las murallas babilnicas, sobre
la soledad sombra y desde largo tiempo abandonada,
de los macizos de hiedra esculpida y
de flores de piedra--sobre tanto y tanto templo
maravilloso en cuyos frisos contorneados se
entrelazan claveles, violetas y vias.

Bajo el cielo, resignadas, reposan las aguas
melanclicas. Las torres y las sombras se confunden
de tal modo que todo parece suspendido
en el aire, mientras que desde una torre
orgullosa, la Muerte como un espectro gigante,
contempla la ciudad que yace a sus pies.

All los templos abiertos y las tumbas sin losa
bostezan al nivel de las aguas luminosas; pero
ni las riquezas que se muestran en los ojos
adiamantados de cada dolo, ni los cadveres
con sus rientes adornos de joyas, quitan a las
aguas de su lecho; ninguna ondulacin arruga,
ay de m! todo ese vasto desierto de cristal;
ninguna ola indica que los vientos puedan
existir sobre otros mares lejanos y ms felices;
ninguna ola, ninguna ola deja suponer que han
existido vientos sobre mares menos horrorosamente
serenos.

Pero, he ah que un estremecimiento agita
el aire. Una onda, un movimiento se ha producido,
all abajo. Se dira que las torres se han
bamboleado y se hunden, dulcemente, en la
onda taciturna, como si las cimas hubieran
producido un ligero vaco en el cielo brumoso.
Entonces las ondas tienen una luz ms roja,
las horas transcurren sordas y lnguidas. Y
cuando en medio de gemidos que no tengan
nada de terrestres, esta ciudad sea engullida
por fin y profundamente fijada bajo la mar,
todava, levantndose sobre sus mil tronos, el
Infierno le rendir homenaje.

1845.




LA DURMIENTE



En el mes de Junio, a media noche me encuentro
bajo la mstica luna. Un oscuro vapor de
opio y de roco se exhala de su halo de oro, y
dulcemente, filtrando por la cumbre tranquila
de la montaa, resbala perezosa y armoniosamente
por el valle universal. El romero se
adormece sobre la tumba, el lis se inclina hacia
la onda. Envolvindose en la bruma se
hunde en el reposo. Ved, como parecido al
Leteo, el lago parece adormecerse a sabiendas
y por nada del mundo quisiera despertar.
Toda belleza duerme. Y ved donde reposa--su
ventana abierta a los cielos,--Irene, con sus
destinos.

Oh brillante princesa! por qu dejar esa
ventana abierta a la noche? Los espritus juguetones,
desde lo alto de los rboles se filtran
a travs de la persiana. Los seres incorpreos,
turba de magos, revolotean a travs de la cmara
y hacen flotar las cortinas del dosel, tan
fantsticamente, tan tmidamente, por encima
de tu prpado cerrado y franjeado,--bajo el cual
se esconde tu alma adormecida--que sobre
el piso, al pie del muro, sus sombras se levantan
y descienden como una ronda de fantasmas.

Querida nia, no tienes miedo? Por qu,
y con qu sueas? Has venido, ciertamente, de
mares muy lejanos; no eres una maravilla para
los rboles de ese jardn? Extraa es tu palidez,
extrao tu vestido, extraa sobre todo, la
longitud de tus cabellos, y todo este silencio
solemne.

Ella duerme! Oh! puede que su sueo sea
tan profundo como durable!; que el cielo la
tenga en su santa guardia! Que esta cmara
sea transformada en una ms melanclica y yo
rogar a Dios que la deje dormir para siempre,
los ojos cerrados, mientras que a su alrededor
errarn los fantasmas de oscuros velos!

Mi amor: ella duerme! Que su sueo eterno
pueda ser profundo! Que los gusanos se deslicen
dulcemente a su alrededor! Que en el fondo
del bosque viejo y sombro, alguna gran
tumba pueda abrirse para ella, alguna gran
tumba que haya cerrado otras veces como alas
sus negros panneaux triunfantes, por encima
de los estandartes funerarios bordados con
las armas de su ilustre familia;--alguna tumba
lejana y aislada contra la portada de la cual
ella haya en su infancia lanzado tantas piedras
ociosas;--algn sepulcro cuya puerta sonora
no le devuelva jams nuevos ecos, a ella, pobre
hija del pecado, que en otro tiempo se estremeca
al pensamiento de que fueran los muertos
quienes le respondiesen gimiendo!

1845.




BALADA NUPCIAL



El anillo est en mi dedo y la corona sobre
mi frente; he aqu que poseo rasos y joyas en
abundancia, y en el presente instante soy feliz.

Y mi Seor me ama bien; pero la primera vez
que pronunci su voto sent estremecerse mi
pecho, porque sus palabras sonaron como un
toque de agona y su voz se pareca a la de aquel
que cay durante la batalla en el fondo del valle,
y que es dichoso ahora.

Pero habl de modo de tranquilizarme y
bes mi frente plida. Entonces un delirio vino
y me transport en espritu al cementerio. Y
pensando que mi Seor era el difunto Elormie,
suspir por l que estaba delante de mi: oh
yo soy dichosa ahora!

As fueron pronunciadas las palabras, y as
fu empeado el juramento. Y aunque mi fe
se haya apagado, y aunque mi corazn llegue
a quebrarse, he ah la dorada prenda que prueba
que soy dichosa siempre.

Quiera Dios que pueda despertar! Porque
sueo no s cmo. Y mi alma se agita dolorosamente
en el temor de haber hecho mal, en
el temor de llegar a saber que el muerto abandonado
no es feliz ahora.

1845.




EL COLISEO



Smbolo de la Roma antigua! Suntuoso relicario
de sublimes contemplaciones legadas al
tiempo por difuntos siglos de pompa y de podero!!
Al fin, despus de tantos das de fatigante
peregrinaje y de ardiente sed,--sed de corrientes
de la ciencia que yace en ti,--yo, hombre
transformado, me arrodillo humildemente entre
tus sombras y bebo del fondo mismo de mi
alma tu grandeza, tu tristeza y tu gloria.

Inmensidad, y edad, y recuerdos de antes!
Silencio y desolacin y profunda noche! Os
percibo ahora y os siento en toda vuestra fuerza.
Oh sortilegios ms eficaces que aquellos que
el rey de Judea ense en los jardines de Gethseman!
Oh encantos ms poderosos que los
que la Caldea encantada arranc jams a las
tranquilas estrellas!

Aqu, en donde cay un hroe, cae una columna!
Aqu, en donde el guila teatral brillaba,
cubierta de oro, el oscuro murcilago
hace su aquelarre de media noche. Aqu, en
donde la cabellera dorada de las damas romanas
flotaba al viento, se balancean ahora el
cardo y la caa. Aqu, en donde el monarca
se inclinaba sobre su trono de oro, el gil y
silencioso lagarto se desliza como un espectro
hacia su casa de mrmol, al plido resplandor
del creciente lunar.

Pero, od. Esos muros, esas arcadas revestidas
de hiedra, esos zcalos musgosos, esas columnas
ennegrecidas, esos vagos relieves, esos
frisos ruinosos, esas cornisas rotas, ese naufragio,
esa ruina, esas piedras grises, ay! es
esto todo lo que queda de famoso y de colosal?
es esto todo lo que las horas corrosivas han
perdonado, todo lo que ellos nos han dejado al
Destino y a mi?

No. No es todo,--me responden los ecos,--no
es todo. Voces fuertes y profticas se levantan
para siempre en nosotros y en toda ruina
a la intencin de los sabios, parecidas a los
himnos de Memnon al Sol! Reinamos en los
corazones de los hombres ms poderosos; reinamos
con desptico imperio sobre todas las
almas gigantes. No somos impotentes nosotras,
plidas piedras. Todo nuestro podero
no ha desaparecido,--ni toda nuestra gloria,--ni
todo el prestigio de nuestro alto renombre,
ni todo lo maravilloso que nos circunda, ni
todos los misterios que moran en nosotros,--ni
todos los recuerdos que se prenden en nuestros
flancos como un vestido, envolvindonos
con un manto que es ms que la gloria!

1833.




EL GUSANO VENCEDOR



Ved!; es noche de gala en estos ltimos
aos solitarios. Una multitud de ngeles alados,
adornados con velos y anegados en lgrimas,
se halla reunida en un teatro para contemplar
un drama de esperanzas y de temores mientras
la orquesta suspira por intervalos la msica de
las esferas.

Actores creados a la imagen del Altsimo,
murmuran en voz baja y saltan de un lado al
otro; pobres fantoches que van y vienen a rdenes
de vastas creaturas informes que cambian
la decoracin a su capricho, sacudiendo con sus
alas de cndor a la invisible desgracia.

Este drama abigarrado--estad seguro que
no ser olvidado,--con su fantasma perseguido
siempre por una muchedumbre que no puede
atraparlo, en un crculo que gira siempre sobre
s mismo y vuelve sin cesar al mismo punto;
ese drama en el cual forman el alma de la intriga
mucha locura y todava ms pecado y horror!....

Pero ved, a travs de la bulla de los actores
como una forma rampante hace su entrada!
Una cosa roja, color sanguinolento viene retorcindose
de la parte solitaria de la escena.
Cmo se retuerce!



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